Cuando en el año 1913, en mi desesperado intento de liberar al arte del lastre de la objetividad, me refugié en la forma cuadrada y expuse un cuadro negro en un campo blanco, los críticos, y a la par que ellos el público, suspiraron: Todo cuanto amábamos se ha perdido. Estamos en un desierto...¡Ante nosotros no hay nada más que un cuadrado negro sobre un fondo blanco! Pero ese desierto está lleno del espíritu de la sensación no objetiva que lo impregna todo. Incluso yo me vi atenazado por una especie de timidez rayana en miedo al llegar el momento de abandonar “el mundo de la voluntad y la idea”, en el cual había vivido y trabajado, en cuya realidad creí. Con una deliciosa sensación de liberación, la no objetividad me arrastró hasta ese “desierto” donde nada es real, salvo el sentimiento..., y así, este se convirtió en la esencia de mi vida. No “era ningún cuadrado vacío” lo que yo había expuesto, sino más bien el sentimiento de la no objetividad...El cuadrado negro sobre campo blanco era la forma primera en que el sentimiento no objetivo llegaba a expresarse. El cuadrado=sentimiento; el campo blanco= el vacío allende este sentimiento.
K. MALEVICH: El mundo no objetivo. 1927. En A.ELSEN: Los propósitos del arte. Aguilar. Madrid 1971, pág 426.






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